Enclavada en la ladera y extendiéndose hacia las copas de los árboles, esta casa de huéspedes bioclimática es una celebración de forma, función y el bosque mismo. Su icónico techo curvo, esculpido para reflejar los contornos naturales de las montañas, capta tanto sombra como flujo de aire, permitiendo que el interior respire.
Suspendido sobre el suelo, un puente elevado conduce a los huéspedes desde la casa directamente hacia el dosel, ofreciendo una experiencia surrealista de caminar entre ramas, pájaros e incluso monos aulladores. No es solo un pasaje — es una inmersión en la naturaleza.
En el interior, el diseño honra la simplicidad y el confort, utilizando materiales de origen local con mínima intervención. La luz entra suavemente a través de aberturas cuidadosamente ubicadas, enmarcando vistas del Pacífico y la densa selva inferior. La refrigeración pasiva, la ventilación natural y la orientación solar garantizan comodidad durante todo el año con mínima dependencia de sistemas mecánicos.